cuentos de los días sumergibles


Contra el dócil



Me gusta todo esto, no te confundas, no soy ninguno de esos idiotas dramáticos que te merodean. Tengo un gusto excelente para elegir vicios y me adapto bien a cualquier terreno. Las grandes hazañas me aburren, las personas son todas iguales, y aunque me desenvuelvo bien en esta ciudad, no me interesan para nada sus privilegios, en todas partes es siempre lo mismo. Estoy tan dentro de esta vida como fuera, y no se trata de ninguna bohemia, déjate de cuentos, esto no se elige. Nadie puede desearlo. Pero si algo he conocido bien es el placer de la contienda. Ganar o fracasar no importa demasiado. Lo esencial es darle duro, a la máquina, al corazón, al secreto. Me subí a las corrientes y ya no sucumbo a nada, los engranajes están girando y yo me muevo con ellos, el sistema no me engulle porque soy yo mismo otro sistema. De alguna manera hice trampa, no me creí el cuento, no somos libres. Por eso tengo que estar ahora hasta las últimas consecuencias. No toques esos papeles, son mis textos, intento meterlo todo ahí. Cómo te decía, es algo así como andar riéndose de las mentiras. No soy osado ni cobarde, sencillamente no me importan. Estoy aquí, digo lo que tengo que decir y después me largo a disfrutar de las cosas. Si quieres otra copa adelante, sírvete tú misma. Yo sólo quiero mis discos y seguir bebiendo aquí tranquilo. Todo lo demás no es ni siquiera una circunstancia. Pero esto tampoco tiene demasiada importancia ahora. Me gustan tus piernas. Quítate la ropa. Y deja esa copa en el suelo, no vamos a brindar por el amor.


Cornelius Clarke


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